Protección simple, visible y que no termina en la pileta.
La otitis del nadador no es una complicación rara. Es una consecuencia directa de que el agua entra en el canal auditivo durante la sesión, y si se queda ahí demasiado tiempo, crea el ambiente perfecto para que las bacterias proliferen. En población pediátrica, es más frecuente de lo que los padres creen.
Lo paradójico es que la solución es trivial: un tapón en el oído que evite que el agua entre. Pero en la práctica, los tapones de natación infantiles tienen un problema: siempre se pierden. Un niño saca la cabeza del agua, el tapón se sale por cualquier razón, y ahí está flotando en la pileta o perdido para siempre.
Los tapones AiNarau resuelven eso con un detalle que parece menor pero cambia todo: un aro de silicona que se sujeta a la tira de la antiparra.